Spoiler: Mujer discriminada – Annie Londonberry

Dar la vuelta al mundo suena tan increíble que nunca ha estado pensado para la mujer. Mujeres se han lanzado a la aventura y han demostrado que la mujer puede con esto y con todo.

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Desde hace mucho tiempo la mujer ha intentado romper con el estigma de ama de casa y es gracias a ellas que ha ido desapareciendo.

Es el caso de Annie Londonderry, nacida en Letonia el año 1870, que dio la vuelta al mundo en bicicleta, convirtiéndose en la primera mujer del mundo en hacerlo.

El motivo que llevó a Annie a dar la vuelta al mundo fue  el poder demostrar que una mujer es capaz de hacer algo más que cuidar su casa, a sus hijos y a su marido. Ninguna mujer lo había hecho pero ella lo intentaría, es más, lo lograría.

Se dice que dos hombres empresarios de un club de Boston pusieron su valía en duda y con cero esperanzas puestas en ella, le propusieron dar la vuelta al mundo en bicicleta a cambio de diez mil dólares. Los hombres estaban convencidos de que no iban a perder su dinero y de que podrían reírse de Annie cuando esta fallara en su intento de hacer historia.

Annie aceptó la apuesta por su dignidad y la de todas las mujeres, también como madre quiso hacerlo para llevar dicho dinero a casa ya que tenía hijos a los que alimentar.

Siempre había querido ser una mujer independiente que no estuviese a cargo de su marido. Por ello, trabajaba mientras cuidaba de sus hijos como vendedora de anuncios de los periódicos locales. Tuvo mucho que ver en esto el hecho de que sus padres fallecieran cuando ella tenía diecisiete años y pasó a hacerse cargo de sus hermanos y de los gastos de la casa.

Su inicial problema fue la falta de dinero. Lo necesitaba para poder recorrer el mundo y dejar Estados Unidos. Gracias al New Hampshire Londonberry Spring Water Company pudo hacerse con cien dolares a cambio de publicitar la compañía en su bicicleta y de llevar ”Londonberry” como apellido.

La vuelta al mundo empezó el 25 de junio de 1894. El trayecto partía desde Massachusetts State House. Dicha vuelta duró quince meses. Fue una experiencia muy dura ya que no era la mejor ciclista y tuvo que soportar lluvias, días en los que no podía más y superar dolores y obstáculos que se cruzaban en su camino.

Annie fue bautizada como ”la valiente viajera” por los medios de comunicación que siguieron su trayectoria para ver si realmente una mujer era capaz de conseguirlo. Lo que era algo reivindicativo acabó convirtiéndose en algo que se podría definir como puro marketing.

Estos medios de comunicación distorsionaron en algunos momentos su viaje para hacerlo más ”interesante” y mantener a los lectores atentos a esta apuesta. Se llegó a dudar de si Annie estaba realizando la vuelta al mundo o de si hacía trampas.

Entre todos los rumores que se crearon aparece una historia de amor con un japonés y un encarcelamiento en China, siendo ambos mentira. La atención se desviaba de lo importante, una mujer haciendo historia y se centraba en las posibles aventuras que estaría viviendo la valiente viajera.

Se destacó en los artículos su forma de vestir. Es cierto que al inicio de su aventura vestía una falda negra larga y se cambiaba con ropa muy similar. Era muy común por entonces que las mujeres hicieran deporte con falda, tacones o corsés y es que no estaba bien visto que vistieran pantalón ni para hacer deporte.

Annie fue dándose cuenta de que la ropa de mujer no estaba adaptada al deporte. La falda le dificultaba la carrera y le costaba más pedalear. En días de calor la falda larga le hacía casi imposible el camino y cuando esta se mojaba con la lluvia más de lo mismo.

Para poder ir más rápido y disfrutar más del viaje cambió su estilo de vestir hasta que decidió ponerse unos pantalones poco femeninos, sí, pero muy cómodos que es lo que importa.

La apuesta terminó cuando en septiembre Annie daba por finalizada la vuelta al mundo en bicicleta. Recordemos que había estado un año y tres meses fuera de casa y sin ver a su familia. Reunirse con ellos fue una gran recompensa así como lo fue el dinero de la apuesta.

Pisaba suelo conocido convertida en una mujer aclamada y admirada por muchas personas, especialmente por mujeres que veían en ella una mujer luchadora y que representaba la fuerza que todas las mujeres sabían que tenían pero que aun les costaba demostrar.

Ganó la apuesta y con ello, los diez mil dólares que le habían prometido los hombres que desconfiaron de ella y que tuvieron que rectificar sobre lo que podía o no hacer una mujer.

También obtuvo un trabajo como periodista en el New York World ya que se trasladó con su familia a dicha ciudad. La fama le cambió la vida: le dio la estabilidad económica por la que había aceptado la apuesta y se convirtió en una mujer que había hecho historia.

Sin embargo, su nombre se fue olvidando con el tiempo. Murió en 1947, por entonces ya nadie hablaba de ella. Toda la atención que recibió en su momento desapareció con el tiempo. Cincuenta años más tarde, un investigador y su tataranieto decidieron buscar información y descubrir al mundo la historia de Annie Londonderry.

@ciaoatenea

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